Lista de ingredientes:
- 2 cebollas medianas
- 3 dientes de ajo (opcional)
- 2 tomates maduros (o 200 g de tomate triturado)
- 1 pimiento verde (opcional)
- 4 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
- 1 pizca de sal
- 1 pizca de azúcar (opcional, para corregir acidez)
Preparación
Comienza pelando y picando finamente las cebollas y los dientes de ajo. Si decides usar pimiento, lávalo bien y córtalo en pequeños dados para que se integre perfectamente en la cocción. Este corte fino es clave para que el sofrito tenga una textura homogénea y elegante.
En una sartén amplia, añade el aceite de oliva virgen extra y caliéntalo a fuego medio-bajo. Incorpora primero la cebolla junto con una pizca de sal y deja que se cocine lentamente. Este proceso puede durar entre 10 y 15 minutos; la cebolla debe volverse transparente y ligeramente dorada, liberando su dulzor natural.
Añade el ajo picado (y el pimiento si lo estás utilizando) y sofríe durante unos minutos más, removiendo constantemente para evitar que el ajo se queme, ya que podría aportar un sabor amargo indeseado.
Ralla los tomates o añade el tomate triturado directamente a la sartén. Mezcla bien con el resto de ingredientes y cocina a fuego lento durante unos 15–20 minutos. El objetivo es que el agua del tomate se evapore y se concentren los sabores, obteniendo una textura espesa y un color más intenso.
Si notas que el tomate está demasiado ácido, puedes añadir una pizca de azúcar para equilibrar el sabor. Ajusta de sal al final de la cocción y remueve bien para integrar todos los ingredientes.
Como consejo del chef, puedes enriquecer tu sofrito con especias como pimentón dulce o una hoja de laurel, dependiendo del plato en el que lo vayas a utilizar. También puedes preparar una mayor cantidad y conservarlo en la nevera durante varios días o congelarlo en porciones.
Este sofrito es ideal como base para arroces, guisos de carne, pescado o incluso platos de pasta. Servido como fondo de receta, aporta profundidad y un sabor casero inconfundible.
¡Buen provecho!