Cigalas con ajo y perejil: marisco salteado al punto en minutos

Mitxin

Las cigalas con ajo y perejil son una receta de marisco salteado muy agradecida cuando aparecen cigalas pequeñas a buen precio. Con aceite de oliva, ajo picado y perejil fresco se consigue un plato marinero aromático, jugoso y listo para servir como entrante o cena ligera.

Preparación 10min
Cocción 6min
Total 16min
Porciones 2
Dificultad Fácil
Calorías 183 kcal
Cigalas con ajo y perejil: marisco salteado al punto en minutos

Ingredientes

Cigalas pequeñas 500 g

Ajo 2 dientes

Perejil fresco 1 cucharada picada

Aceite de oliva virgen extra 25 ml

Sal gruesa al gusto

Pimienta negra al gusto

Preparación

Antes de cocinar las cigalas, conviene revisar que estén bien frescas: deben oler a mar, tener la carne firme y presentar un color vivo. Si están húmedas, sécalas ligeramente con papel de cocina para que al saltearlas no suelten demasiada agua y se doren mejor en la sartén.

Pela los dientes de ajo y pícalos muy finos. Lava el perejil, sécalo bien y pícalo también. Mezcla ambos en un pequeño cuenco con el aceite de oliva virgen extra. Esta picada no necesita reposo largo, aunque unos minutos bastan para que el aceite tome el aroma del ajo y del perejil.

Calienta una sartén amplia a fuego medio-alto. Cuando esté bien caliente, añade una parte del aceite aromatizado, procurando reservar algo de ajo y perejil para el final. Coloca las cigalas en una sola capa, sin amontonarlas, para que reciban calor directo y no se cuezan en su propio jugo.

Saltea las cigalas durante unos 2 o 3 minutos por un lado, hasta que cambien de color y empiecen a tostarse ligeramente. Dales la vuelta con unas pinzas y cocina otros 2 o 3 minutos. Si son muy pequeñas, no necesitan más tiempo; una cocción excesiva endurece la carne y resta jugosidad.

Añade la sal gruesa, un toque de pimienta negra y el resto de la picada de ajo, perejil y aceite. Remueve la sartén durante unos segundos para que el ajo desprenda aroma, pero sin dejar que se queme. El punto correcto es cuando las cigalas están brillantes, calientes y con el ajo apenas dorado.

Sirve las cigalas con ajo y perejil inmediatamente, aprovechando el jugo que queda en la sartén. Unas gotas de limón pueden aportar frescor, aunque no conviene abusar para no tapar el gusto natural del marisco. Quedan muy bien con pan tostado, una ensalada verde o unas patatas cocidas aliñadas con aceite y sal.

Para una variante con más carácter, puede añadirse una pizca de guindilla seca junto al ajo. Si se busca un resultado más suave, basta con retirar el germen interior del ajo antes de picarlo. En la mesa, este plato agradece un vino blanco joven, seco y fresco, especialmente si se sirve como aperitivo marinero.

¡Buen provecho!

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